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José Ragazzi habla sobre el presente y el futuro de la gastronomía venezolana

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José Ragazzi, fotografiado por Alejandro Cremades

Por Giuliana Chiape

José Ragazzi es una joven figura de la cocina venezolana que, en 2019, regresó al país después de 14 años de un periplo mundial que lo arraigó aún más con Venezuela. Se define a sí mismo como cocinero creativo, desarrollador de proyectos, amigo de la ecología y amante del folklore, sobre todo de las técnicas gastronómicas regionales. Su propuesta mereció el Tenedor de Oro 2022, premio anual que otorga la Academia Venezolana de Gastronomía.

La visión que este chef tiene sobre la gastronomía venezolana está nutrida por su paso por cocinas de peso mundial, como la de Martín Berasategui y Schiaffino Catering Malabar, además de Takami de los hermanos Rausch, de The 86 Bar en Colombia y restaurante La Niña en Perú, donde se desarrolló como chef creativo.

En Venezuela está al frente de Avant Bistró, de Japanish (cerrado por un tiempo), del grupo Saké y de la Granja de Colores, donde desarrolla vegetales extraordinarios con el propósito de hablar del país a través de lo que sirve en el plato.
Con todo este bagaje de experiencias y conocimientos en sus hornillas, conversó sobre el presente y el posible futuro de la gastronomía, lo que está bien, lo que está mal y lo que, quizás, hay que cambiar.

¿Cómo encontraste la gastronomía venezolana en 2019? ¿Cómo percibes su evolución?

– La gastronomía venezolana es un poco atípica con respecto al resto de la gastronomía mundial. Mientras que la mundial está dando una vuelta atrás, yendo a la cocina de producto, a algo más cercano, a regresar a los chefs a los restaurantes, a privilegiar a los artesanos de la cocina, la local está buscando modelos de negocio muy de moda, copiando modelos de afuera.

¿Y quizás hasta demodé?

– Sí, y todavía caemos en precios caros, propuestas y servicios sobrevalorados. Falta mucho para construir la gastronomía local. Tenemos pocas escuelas de cocina, no tenemos ninguna de servicio. Aquí el oficio de mesonero se ejerce porque no se tiene nada más que hacer.

«Como restaurantes o lugares de restauración tenemos que esforzarnos en educar a esa persona, aumentar su valor y su valía, y cada restaurante o punto caliente termina siendo un sitio de formación.

Yo prefiero contratar a gente joven, sin mucha trayectoria, pero que hayan estudiado algo de cocina y conectarlos con la pasión de hacer un servicio. Nosotros somos, desde hace tiempo, una sociedad agrandada que cree que el servicio a otros es denigrarse».

Me parece que eso ha cambiado un poco, para bien.

– Por la necesidad, que hace que las cosas cambien. Yo creo que estar conectados con la abundancia del país, nos hace acercarnos a ella. Siempre le digo a mis colaboradores: estamos viendo el cochino, aunque no lo comamos. Eso hace que estemos más cercanos al servicio, a la celebración y nos hace conocer productos que, de otra manera, no hubiéramos conocido.

«Esta es una sociedad abierta, pero que no sabe bien a dónde va. Nos marcan un camino, pero no sabemos qué tan viable, rentable o duradero será el modelo económico porque este es un país incierto«.

Y eso hace que un chef o restaurador tengan un riesgo mayor en su negocio que en otros países.

– Uno de mis grandes retos en Venezuela fue dividir el riesgo. Además de ser chef hago cosas en privado, catering, tengo un proyecto de granja en San Francisco de Asís, en Aragua, donde seleccionamos semillas y desarrollamos diferentes variedades de verduras como zanahorias, rábanos, remolachas… y todas, genéticamente, son de diferentes colores.

Con esto estoy construyendo para hacer mi cocina de producto local venezolano porque carecemos de ello. Quiero forjar algo local para mostrar productos venezolanos de la huerta, y que mi cocina honre a este producto, poner en la mesa productos desconocidos, trabajar más con los productores, mostrar más a Venezuela. Ver hacia adentro porque estamos carentes de ver hacia adentro.

Esto nace porque en Perú y México noté que el arraigo a su folklore es tan latente que me dio mucha envidia sana. Nosotros tenemos un mestizaje y un universo megadiverso que nos favorece y nos aportó riqueza, pero nos hizo perder parte de identidad venezolana. Ser venezolano es ser un poquito de todo.

Siendo cocinero, teniendo el derecho de palabra que ahora tenemos los cocineros en la sociedad, tenemos mucho país por construir. No solo en restauración sino también con un discurso de sensibilidad, sostenibilidad, ecología, educación y de poner a Venezuela en la boca del mundo, como hicieron los peruanos y los mexicanos».

¿Sientes que eso se está haciendo muy lentamente?

– La realidad es que muy pocas personas se están atreviendo a hacerlo. Aún pensamos en restaurantes como el negocio principal cuando en los modelos que funcionan en el mundo, los restaurantes son solo la punta del iceberg. Los sostiene una red de cosas como fundaciones, huertas orgánicas, otros restaurantes y hasta eventos sociales.

Aquí pensamos mucho en la inmediatez y quizás por eso hay tanta frustración. Pensamos en que el restaurante lo que va a dar es plata. Entonces, los inversionistas no ven lo que esperaban y cierran pronto. Pero los modelos de restaurantes son muy diferentes a lo que piensa el que no sabe. Necesita cash flow, mucha inversión mensual, muchos empleados… tienen aristas que lo hacen complicados.

Yo noto que ahora hay muchas inversiones sin criterio, sin conocimiento, que se hacen con expectativas muy elevadas. La restauración hay que dejar de verla como algo pasional. Tiene que verse como un negocio y debe tener una preproducción bien hecha. La falta de criterio genera incertidumbre. Los inversionistas meten plata en algo que no conocen y luego se llenan de interrogantes.

Entonces, ¿piensas que el boom actual de restaurantes se va a desinflar?

– Definitivamente. Es más, creo que eso tiene que pasar. Para construir hay que aprender a caer. Sí creo que los que no saben, los que escogieron mal, los que crearon un mal modelo de negocio y los que pensaron que en un restaurante solo tenían que hacer una inversión inicial sí van a cerrar.

«Los modelos de negocio con equilibrio son los que van a perdurar. La pandemia hizo que desarrolláramos el lado femenino de la protección y del cuidado, y eso debe ser la tendencia. Todo modelo de negocio debe pensar en la economía circular, naranja, hacer bien las cosas y retribuir a la sociedad».

Además, somos un país con poco turismo, algo que ayuda mucho a la gastronomía de otros países.

Sí, pero Perú tuvo 10 años de vanguardia y desarrollaron restaurantes para turismo. Cuando se acabó el boom, se acabaron esos restaurantes. Tenemos que hacer restaurantes que sean para todos los días.

Puede haber mucho ego, pero si no se hace un negocio para que la gente vaya a comer todo el tiempo, estás fuera. Los restaurantes de cumpleaños o aniversario se acabaron y más en estos modelos donde crees que el restaurante tiene que darte todo.

LOS PRECIOS, EL DEBATE DE SIEMPRE

¿Qué opinas sobre los precios de los restaurantes en Venezuela?

– Creo que los precios se están sincerando. He escuchado críticas sobre por qué venden a 80 dólares un menú con productos locales. Si supiéramos todas las aristas que están detrás de un producto nacional, se reconsideraría esa crítica. Casi nada de lo que está en el restaurante es nacional. Hay desinformación de lo que vale realmente algo. E incluso se está menospreciando el producto local.

¿Pero no crees que sí hay exageración en los precios? Porque no es que sean 80 dólares, es que a veces cobran 200 dólares.

– Yo creo que uno tiene que estar consciente de la necesidad precio-valor. Lo realmente importante es que te sientas conforme con lo que pagaste. Lo grave es cuando no hay coherencia entre lo que se cobra y la experiencia que se ofrece. Por ejemplo, René Redzepi (chef danés) cobra 450 dólares por su menú y solo sirve vegetales. Pero detrás de eso hay empleados que ganan lo que deben ganar, hay laboratorios culinarios, no hay deudas con proveedores, se retribuye a la sociedad. Los detalles cuestan. Más que algo sea caro o barato, lo importante es si el comensal se va contento.

Estoy de acuerdo en que no está bien en que un comensal se vaya reventado de la propuesta. El momento crucial es cuando quien paga la cuenta siente que valió la pena.

– Yo creo que uno tiene que estar consciente de la necesidad precio-valor. Lo realmente importante es que te sientas conforme con lo que pagaste. Lo grave es cuando no hay coherencia entre lo que se cobra y la experiencia que se ofrece. Por ejemplo, René Redzepi (chef danés) cobra 450 dólares por su menú y solo sirve vegetales. Pero detrás de eso hay empleados que ganan lo que deben ganar, hay laboratorios culinarios, no hay deudas con proveedores, se retribuye a la sociedad. Los detalles cuestan. Más que algo sea caro o barato, lo importante es si el comensal se va contento.

Es ahí cuando se nota el trabajo del chef, como la persona que es el jefe, la que manda en el restaurante. Acertar y cobrar lo justo por la experiencia.

– Creo que hay que hacer cosas para la sociedad y a veces apuntamos a cosas muy elevadas. Si creemos que le vamos a cocinar a un turista que busca productos locales o a un millonario que le encantan las cosas de afuera, no va a funcionar.

AVANT Y JAPANISH

Esta conversación me lleva al menú de tu restaurante. ¿Cómo aplicas esto a tu propuesta?

– Avant comenzó el año pasado con un menú europeo, con un marco afrancesado, donde no había pastas ni arroces. Entendiendo esto, y sabiendo que a la gente le gustan esas comidas, lo convertimos en un bistró contemporáneo. Es por eso que la AVG me da el Tenedor de Oro el año pasado. Ahora hacemos una comida rica, cercana, pero con técnicas francesas. Nos atrevimos a poner pastas, arroces, ají dulce, maíz, como unos guiños, utilizando productos locales muy conocidos. Antes eran productos locales que nos llevaban a Francia, ahora son cercanos.

«Por ejemplo, hacemos un arroz al horno, un pescado con el que honramos la cosa, unas costillas cocinadas a baja temperatura que servimos con una ensalada de papa tipo Colonia Tovar, un cochinillo con ensalada de caraotas blancas y conchita de arepa. Ya no es Francia, ahora es Francia para los venezolanos.

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Ya hablamos de Avant. ¿Qué pasó con Japanish, que cerró tan pronto?

– A Japanish lo afectó directamente la situación país. El edificio donde funcionaba es de Constructora HP, implicados en un caso de la policía anticorrupción. Nosotros estábamos alquilados, le pagábamos a la constructora y lo ocurrido nos afectó. Los socios prefirieron cerrar el espacio. Se está buscando otro local, pero hemos entendido que este no es el momento de abrir de nuevo. Seguramente lo haremos el año que viene. No está descartado volver. Hicimos algo muy chévere, pero la situación país nos salpicó.

¿Te vas a quedar en Venezuela?

– Yo regresé a construir país, a desarrollar negocios. En otros sitios me fue bien pero siempre había alguien que hacía de intermediario con los inversionistas. Aquí las relaciones son directas. Me siento más venezolano que nunca. Yo vine a jugar de local, vine para quedarme.

elestimulo.com

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El ingeniero ambiental que cambió su profesión por las tortitas de maíz: «Quiero llevar el sabor de Venezuela a cada rincón de España»

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David Díaz Rojas es el propietario de La Cachapera, una «embajada gastronómica venezolana» que cuenta ya con seis restaurantes en España, dos de ellos en Madrid.

Si alguien sabe de cambios radicales en su vida profesional, ese es David Díaz Rojas. Este venezolano de 46 años ha pasado de ser director regional en una prestigiosa multinacional inglesa con sede en Barcelona, con tres posgrados a sus espaldas y una carrera consolidada como ingeniero ambiental, a volcarse por completo en el arte de la cachapa: una tortita de maíz dulce natural recién molida, crujiente por fuera y tierna por dentro, que se dobla por la mitad y se rellena de queso fresco o ternera mechada. Un producto típico de Venezuela, 100% libre de gluten con el que este ex directivo ha conquistado los paladares más diversos en la ciudad catalana y ahora está logrando lo mismo en Madrid.

Su afición por este alimento viene de largo. Mientras que de lunes a viernes se dedicaba a la auditoría en la empresa en la que trabajaba, los fines de semana preparaba cachapas y las presentaba en pequeñas ferias y eventos masivos de Cataluña, como el Barcelona Harley Days, un encuentro de motos en el que participó en 2015. Pronto descubrió que el producto no solo enamoraba a sus compatriotas venezolanos, sino que también tenía una aceptación local. A esto se le sumó la original estética vintage de sus puestos, que aprendió en su paso por Palomarket Fest (mercado de diseño en Barcelona) y con los que empezó a llamar la atención en todas las ferias donde participaba.

Lo que inició como un emprendimiento de fin de semana terminó por convertirse en una obsesión y, finalmente, en su profesión. El verdadero punto de inflexión ocurrió en 2017, en una feria en Castellón. Una joven venezolana, tras probar una de sus cachapas, rompió a llorar porque el sabor le recordó a las que hacía su madre fallecida, de quien no pudo despedirse. «En ese momento entendí que lo que estaba haciendo era mucho más que comida; era amor, tradición y memoria», reconoce David.

Decidió entonces abrir su primer restaurante en 2018, en la calle Villaroel de Barcelona, y que llevaría por nombre La Cachapera. Empezó con 14 mesas para un aforo de 50 personas. Creó una carta que incluía ocho cachapas de diferentes rellenos, tequechapas (versión propia de tequeños hechos con harina de maíz, en vez de harina de trigo), arepas, cachapitas (cachapas en miniatura) y el plato tradicional de la gastronomía venezolana, el pabellón criollo.

Aunque en los primeros meses seguía con su trabajo de auditor, finalmente tuvo que renunciar para poder atender tanto el local como los puestos de las ferias donde seguía participando. Dos años después, comenzó a obtener beneficios, pero entonces llegó la pandemia.

Su visión de negocio fue prodigiosa. Cuando vio que el tema del Covid era muy serio, «empecé a fabricar y a congelar nuestros productos. Tuve una reunión para crear nuestra propia plataforma de delivery y, cuando nos confinaron, ya tenía cuatro empresas para llevar los pedidos a domicilio. Eso ya me dejó más tranquilo», cuenta Díaz.

Durante esa etapa, el empresario asegura que vendió más a través de delivery y con horario de restricción que con el restaurante abierto. «La campaña por Instagram fue vital para comunicar que estábamos abiertos entregando nuestro producto a domicilio en Barcelona y también en las afueras. Incluso repartía yo mismo», relata.

SEGUNDO LOCAL Y SALTO A MADRID

En 2022 inauguró un segundo local en Barcelona (Marina, 241) junto con sus hermanos, y casi al mismo tiempo instaló en Madrid su primer restaurante en la capital, en Chueca. El segundo llegó el pasado abril (Hermano Garate, 6), en la zona de Cuzco.

La Cachapera cuenta hoy con seis locales distribuidos entre Barcelona, Valencia y Madrid. Bajo el Holding Grupo Cachapera, este ingeniero dirige hoy un negocio que superó los 6,5 millones de euros de facturación en 2025, posicionándose como una marca especializada en la auténtica cocina venezolana y que tiene un objetivo marcado: «llevar el sabor de Venezuela a cada rincón de España antes de 2028».

Para su creador, este restaurante es un negocio con alma, que conecta al público con la gastronomía, la música y la estética del caribe venezolano. Esencia que para David también es transmitida por el servicio que ofrece esa «gran familia de trabajadores» de múltiples nacionalidades que componen el personal de su empresa.

Su llegada al mundo de la hostelería también tiene una historia familiar, que guarda una herencia silenciosa. Su abuela paterna tuvo una cachapera en Venezuela y el logotipo de su marca, Fina, es un homenaje a las mujeres de su familia: su madre, sus abuelas y sus tías.

Pero el éxito de La Cachapera también se mide por su impacto social. Fiel a sus raíces, David colabora con fundaciones como Comida de Esperanza para combatir la desnutrición infantil en Venezuela.

Con la mirada puesta en Bilbao, Málaga y Zaragoza, David sigue cocinando historias, convencido de que su verdadera carrera profesional es ir brindando cobijo a los venezolanos a través de sus sabores, como aquel día que decidió bajarse del camión de comida para abrazar a una clienta que lloraba de nostalgia.

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Madrid rendirá homenaje a las víctimas del terremoto en Venezuela con un gran acto en la Puerta del Sol

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Madrid, 5 de julio de 2026. La Comunidad de Madrid celebrará el próximo martes 7 de julio, a partir de las 19:00 horas, un acto institucional en la Puerta del Sol para rendir homenaje a las víctimas del doble terremoto que afectó a Venezuela el pasado 24 de junio.

El evento reunirá a representantes institucionales, miembros de la comunidad venezolana residente en España, organizaciones sociales, voluntarios y ciudadanos que desean expresar su solidaridad con el pueblo venezolano.

Antes del homenaje, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, mantendrá un encuentro con el presidente electo de Venezuela, **Edmundo González Urrutia>, con quien analizará la situación humanitaria y las iniciativas de cooperación desarrolladas tras la emergencia.

Durante el acto se realizará un minuto de silencio en memoria de las víctimas, una oración dirigida por un sacerdote y un reconocimiento especial a los integrantes del Equipo de Respuesta Logística Inmediata de la Comunidad de Madrid (ERICAM), así como a los voluntarios que han impulsado campañas de ayuda humanitaria desde España.

Asimismo, se proyectarán mensajes audiovisuales de venezolanos residentes en Madrid y ciudadanos españoles, reforzando el vínculo de solidaridad entre ambos pueblos.

La Puerta del Sol volverá así a convertirse en un punto de encuentro para la diáspora venezolana, reafirmando el compromiso de Madrid con Venezuela en uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.

Sobre YosoyLatino.es

YosoyLatino.es es un medio digital dedicado a informar y conectar a la comunidad latina en España, ofreciendo cobertura de actualidad, inmigración, emprendimiento, cultura y acontecimientos de interés para millones de latinoamericanos residentes en el país.

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Regularización en España: colombianos, marroquíes y venezolanos lideran las solicitudes presentadas

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Mas colombianos que nunca.

El proceso extraordinario de regularización de personas migrantes en España finalizó el pasado 30 de junio con 1.174.978 solicitudes registradas, más del doble de las 500.000 que el Gobierno había previsto inicialmente.

De acuerdo con los datos oficiales del Ministerio de Inclusión, 609.737 expedientes ya han sido tramitados y se encuentran en fase de instrucción, mientras que alrededor de 11.000 solicitudes ya cuentan con una resolución definitiva.

Entre las nacionalidades con mayor número de solicitudes destacan los colombianos (25,9%), seguidos por los marroquíes (13,3%) y los venezolanos (11,8%). También figuran entre los principales países de origen Perú, Honduras, Paraguay, Argelia, Senegal, Pakistán y Argentina.

Las comunidades autónomas que concentraron el mayor volumen de solicitudes fueron Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana y Andalucía.

El perfil de los solicitantes muestra una población mayoritariamente joven: el 81% tiene menos de 45 años, el 57% son hombres y el 43% mujeres. Además, el Ministerio destaca que tres de cada cuatro solicitantes son hispanohablantes, un factor que puede facilitar su integración laboral y social.

En materia de empleo, más de 159.000 personas ya se han incorporado al mercado laboral con una autorización provisional para trabajar, principalmente en sectores como hostelería, comercio, construcción y actividades administrativas.

La secretaria de Estado de Migraciones, Pilar Cancela, señaló que el proceso continúa en fase de evaluación y que, por el momento, no es posible anticipar cuántas solicitudes serán finalmente aprobadas.

Mientras tanto, el proceso sigue su curso administrativo y también afronta un análisis por parte del Tribunal Supremo, que estudia diversos recursos relacionados con la adecuación de la normativa española al marco jurídico de la Unión Europea.

Para la comunidad latina residente en España, especialmente para colombianos y venezolanos, estas cifras reflejan la dimensión del proceso de regularización y la importancia de seguir atentos a las comunicaciones oficiales sobre la evolución de sus expedientes.

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