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Arte y Cultura

Juan Carlos Méndez Guédez: « …una mixtura, una mezcla de sabores, palabras, historias»

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Juan Carlos Méndez Guédez el 29 de junio en la Librería Los Pequeños Seres
Imagen Raquel Méndez Roperti

Por Karen Lentini Gómez

Juan Carlos Méndez Guédez (Venezuela, 1967), doctor en literatura hispanoamericana por la Universidad de Salamanca, ha publicado en Venezuela, Colombia, Estados Unidos y España. Autor de más de 30 libros, entre los que se encuentran: La ola detenida, Los maletines, Arena negra, Round 15, y La diosa de agua. Merecedor del 40º Premio Internacional Ciudad de Barbastro de Novela Corta en 2009, y  ganador del Premio Tiflos de Cuento en 2024 con En las ruinas.

Exponente no solo de la literatura latinoamericana, sino creador y reconstructor de mitos; este autor que se arriesga y se reinventa en cada nueva obra, nos concede esta entrevista a propósito de la reciente publicación de Roman de la isla Bararida

¿Me gustaría que nos explicara qué es Bararida?

En principio una palabra indígena que según dicen significaba Valle de las damas. Pero para mí era principalmente el parque zoológico de Barquisimeto al que iba de niño para pasear. Hoy en día no creo que me guste un lugar así, pero en ese entonces me fascinaba. Ir a ese parque era una fiesta, pero si la memoria no me falla en esa zona también quedaba un lugar terrible: un hospital psiquiátrico ya deteriorado, con grandes paredes llenas de agujeros por las que nos asomábamos los niños para ver un patio en el que tomaban el sol los pacientes, a veces incluso amarrados. Había entonces esa dualidad: la alegría del paseo y a la vez asomarme a contemplar un mundo lleno de dolor y misterio.

¿Por qué ha escogido  una isla imaginaria para representar esta historia de amor?

Los canarios tienen una leyenda hermosa, la isla de San Borondón, que es una isla mítica que aparece y desaparece. Escribir es conseguir en tu vida lo que no tienes en la realidad inmediata; así que cuando quise escribir un bestiario, le comenté a mi gran amigo Freddy Castillo Castellanos que me iba a inventar una isla llamada Bararida, una isla que se movía por el mundo y que podía verse en ocasiones en el río Turbio o en Adícora, pero a veces también frente a Tenerife, o La Coruña o Cádiz. A él le gustó la idea y yo hice mi bestiario ubicándolo en ese lugar. Solo que luego me di cuenta de que esa isla personal tenía más recorrido.

He leído islas que siempre me han marcado como la isla Jackson de las novelas de Mark Twain o la isla de Defoe en Robinson Crusoe, o la de Agustín Espinosa en su novela Crimen. Sentía que en una isla las historias suceden con mayor intensidad y concentración. Así que al comenzar la historia de amor de Wari y Najamutu, comprendí que Bararida era el lugar para que sucediese; una isla flotante, marcada por la ausencia de dioses, en la que sucedían historias de caballerías, mezcladas con historias de otros tiempos, y en las que podía situar a Barquisimeto como una ciudad medieval en lo que sería un juego de anacronismos que me resultaba apasionante.

Por otro lado, el amor en una isla me da la impresión de que sucede como una sentimentalidad concentrada, protegida y a la vez asfixiada por el mar.

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Afirma que es un libro en el que se concentran las lecturas de la infancia mezcladas y reconectadas ¿Ha sido un proceso fluido y sin pausas, de una sola vez? ¿o ha sido atribulado, con resistencia?

Es un libro que tiene muchos años viajando conmigo. No sabía que ese era la historia que escribiría, pero estaba allí. Escribí varias veces el principio, pero luego me atascaba. Luego en las visitas a mi casa en Caracas contemplaba los muchos y variados libros que leí en la niñez y en la adolescencia, libros que había olvidado, que no podría citar, que no sabría situar históricamente. En algún momento comprendí que podría convertir esa limitación de mi memoria en una fuerza para escribir; si en mi cabeza sucedía a la vez el Cantar de Gilgamesh con El Amadís de Gaula, o las aventuras artúricas con los maravillosos mitos de los warao o los wayú y con un fragmento de Cunqueiro, ¿por qué no escribir desde esa maravillosa mixtura? La imaginación es capaz de tejer lo que en el tiempo real se encuentra distanciado. Fíjate que me has hecho recordar que de niño, cuando escribía mis primeras historias, yo me inventaba cuentos en los que convivían Guaicaipuro, Simón Bolívar y Diego de la Vega. Pues digamos que en esta novela recuperé esa inocencia

Una novela fragmentaria como Arena negra, y mitológica como La diosa de agua, en la que de nuevo participa la diosa María Lionza ¿Esta estructura le ayuda a concentrar las lecturas y a darle forma a todo el imaginario?

Algo que nunca dejaré de agradecer a autores de mi tradición venezolana como Teresa de la Parra o Guillermo Meneses es la idea de que una ficción no vale por sus buenas intenciones, su denuncia de las injusticias, o el simple vigor de su historia. Una ficción vale por tener una historia poderosa, llena de músculos, pero dentro de una estructura particular que la singularice. Como en otras oportunidades, yo tenía la idea de escribir una historia de amor con componentes fantásticos, pero fue al leer una novela de Pascal Quignard que pensé: «así debo escribir mi historia; en fragmentos; en asociaciones libres, alejándome y acercándome a la historia central, fingiendo que es una historia que tiene muchas versiones»; a eso se sumó la conversación con un amigo que me convenció de que una novela total no tenía que ser una novela monstruosamente larga; podía ser todavía más seductor concentrar una totalidad en un breve espacio.

La leyenda de Tristán e Isolda ha inspirado a muchos escritores. En su opinión, ¿qué hace tan atractiva esa historia?

Nunca olvido unas charlas de Víctor Bravo en las que a partir de la lectura de Denis de Rougemont explicaba que la concepción occidental del amor viene del Tristán e Isolda. Ese es un libro que me encanta y cada vez que lo leo me fascina su exceso, su apasionada desgracia, su placentera culpabilidad. Me agrada pensar que de esa historia medieval vienen los boleros, las rocolas, los culebrones, los momentos más sublimes y sufridos de los amantes.

Esa historia es atractiva porque rompe el sentido común, crea una temporalidad distinta en la que Tristán e Isolda saben que lo que hacen no es lo más correcto, pero son incapaces de parar; se aman de un modo tan frenético que están agotando las fases de la vida de una manera incendiaria y se están exponiendo a múltiples peligros.

Creo que fue Barthes el que dijo: ¿por qué durar es mejor que arder? Tristán e Isolda escenifican y resuelven esa duda.

Portada de Roman de la isla Bararida/ Cortesía

Roman de la isla Bararida , es una historia romántica erótica, explicita, elegante y provocativa, con una prosa poética y cuidada.

Mil gracias por esa lectura… me llama la atención que acotas elementos como el erotismo del que yo no estaba tan consciente. Lo cierto es que hay muchas partes del libro que no reconozco porque te juro que yo me senté a escribir y viví en un arrebato de palabras. Yo era como el recipiente de muchas palabras ajenas. Mencionaste en otra pregunta a María Lionza, la bella diosa venezolana, la verdad es que de niño estuve muy cercano al culto y quería ser materia: es decir, la persona que presta su cuerpo para que hablen los espíritus. Nunca tuve la constancia y la fe suficiente para serlo, pero me gusta pensar que escribí esta novela como si fuese una materia en la que hablan otros.

También de pequeño me dijeron que tenía facultades para ser brujo; quizá esta obra ha sido una manera de reencontrarme con esa vida que no fue posible.

«Azogue, ariché, macareus, kawudare» palabras rescatadas, algunas  creadas especialmente  para esta novela, otras transformadas ¿Cómo han surgido? ¿Toma en cuenta la sonoridad de los términos cuando escribe?

El mismo Pascal Quignard se reunió en una ocasión con una traductora que le pedía referencias sobre un árbol y él le confesó que escogió un árbol en específico por su sonoridad, que ella hiciese lo mismo al traducir.

Creo que en este libro en concreto me condujo esa idea: hacer una historia apasionante sobre unos amantes frenéticos a quienes aguarda la desgracia de la separación, pero con un lenguaje que fuese una canción en sí mismo, un amplio poema en prosa. Que las palabras tuviesen la sonoridad con que se hablan y se anudan los amantes.

Sucede además que con los años y la distancia que me separa cotidianamente de Venezuela, muchas palabras que me resultaban comunes se han cargado de una energía especial, de un brillo misterioso: yo antes decía Siquisique y solo nombraba un pueblo, pero ahora lo digo y la palabra resuena en mí como un hechizo, como una puerta que se abre.

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Hablemos del Coro muy utilizado en las tragedias griegas y por ciertos dramaturgos. En este caso, se dirige al protagonista como una madre sabía que conoce el destino y advierte.

Hay una película de Woody Allen que me encanta y cuyo nombre tampoco voy a recordar, pero en la que se actualiza el recurso del coro de las tragedias. Quizá eso tuvo influencia en ese momento del libro, pero lo cierto es que como te he dicho, mis dedos se conducían solos: ahora leo y reconozco: esto es de la tragedia griega, esto es una leyenda que me contó un tío en El Tocuyo, esto es una canción de José Luis Rodríguez, esto es un mito de los waraos y esto es un trocito de novela pastoril.

El Coro significa en ese momento del Roman de la isla Bararida el sentido común que le indica a Najamutu que esa desolación que está sintiendo en los breves momentos en que Wari se ha ido a dar un paseo, significa ni más ni menos que está punto de traspasar un límite, que si se detiene podrá salvarse del dolor. Una señal que puede salvarlo, pero que él no escucha porque prefiere permanecer en el abrazo de Wari, con todas las terribles consecuencias que eso va a traerle.

Incluye en esta obra a San Francisco de Asis, protector de los animales. Por este y otros libros pareciera que lo sagrado es importante para usted.

No soy practicante de ninguna religión, pero amo lo sagrado, lo que me asoma a otras realidades, y dentro del santoral católico tengo un profundo amor y respeto por figuras como San Francisco de Asís, como San Antonio de Padua o San Martín de Porres.

Lo sagrado es un murmullo que me envuelve siempre. Quise que esta novela fuese una especie de oración de gratitud al hecho de existir: al placer, al dolor, a la vida, a la muerte, a las palabras.

Algunas de mis narraciones tienen esta característica; otras son relatos realistas, humorísticos, pero hay una parte de mi obra que tiene eso que Ernesto Pérez Zúñiga llama la literatura del umbral; un sitio en el que te asomas a lo inexplicable, al misterio.

La presencia de San Francisco de Asís, con quien comparto el amor profundo a los animales, también me condujo a la revisión del discurso de la bondad como un peligroso camino al fanatismo. Uno de los grandes extravíos de Najamutu, el protagonista de este libro, es el momento en que se cree tocado por una bondad extrema que debe predicar y que debe introducir en los otros incluso por la fuerza.

En esta novela se atreve con muchos tipos de escritura, incluso con un romance

         cantaban en lejanas tierras los juglares que no

         conocieron el final de la historia

                   Que por árbol era un bosque,

                    mientras regresa el calor,

                    soñaban sí los amantes,

                    aromas de piel y flor.

                    Dormir la noche y estrellas,

                    Bararida en su esplendor.

                    Tan lejos la muerte y lucha,

                    Najamutu y Wari ardor.

                    Huidos de la vil muerte,

                    ya desnudos y el frescor.

                    Palacio azules ventanas,

                    jamás miedo ni dolor.

                   Vencieron las mil batallas, 

                   tiemblan su gozo de amor.

Es verdad lo que dices… Había soñado siempre con intentar un romance y ahora vi la oportunidad… Porque ¿sabes qué me hizo inmensamente feliz al escribir este libro? Pensar que era una historia escrita con esa felicidad absoluta en la que no esperas nada, en la que no tienes expectativas. En algún momento pensé: nadie en España va a publicar una novela fantástica, fragmentaria, anacrónica, en la que aparecen dioses desconocidos, en la que existen demasiados registros, en la que no hay ningún mensaje social, edificante. Una novela además que comete el pecado de desconocer la pureza cultural que en este patético siglo XXI nos hace presuponer que sobre los goliardos solo puede escribir un goliardo o que sobre una historia africana solo puede escribir un africano.

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Lo inesperado vino después; lo maravilloso es que existe una editorial como Firmamento que con apenas tres o cuatro años de existencia, siente que si hay literatura es necesario lanzarse a la piscina.

Pero sí, escribí este libro sin pensar en algo distinto a sacarme de dentro esta historia. Yo tengo la fortuna de no ser nada. No tengo ninguna identidad tribal a la que aferrarme: no soy lo suficientemente Jirajara, Timoto Cuica o Mandingá o canario o gallego, y a la vez soy todo eso. Así que me permití que esa novela sucediese como me siento: una mixtura, una mezcla de sabores, palabras, historias.

Ahora que lo pienso, también escribí esta historia porque me gustaría que alguna vez Wari y Najamutu vuelvan a encontrarse.  

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Homenaje a Pablo Zelaya por pintores hondureños en Madrid

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Pablo Zelaya Sierra vivió en España de 1920 a 1932

Por Sarely Martínez

Pintores de Honduras y España rinden homenaje en Madrid al pintor Pablo Zelaya Sierra, pionero de la expresión artística moderna en Honduras.

La Embajada de Honduras en España, en colaboración con el Ayuntamiento de Alcorcón, presenta la primera Exposición de la Red de Pintores Hondureños Residentes en España (RPHE), con el objetivo de promover el intercambio cultural y fortalecer los lazos artísticos entre ambos países.

La exposición se inauguró el 5 de junio en el Centro Municipal de las Artes Buero Vallejo, en la localidad madrileña de Alcorcón, y estará abierta hasta el 20 de julio de 2024. Se puede visitar de lunes a viernes de 10 a 21h y sábados y domingos hasta las 14:00 h

El evento cuenta con la colaboración del Colectivo de Pintores de Alcorcón (ALCOPI), que presentará un mural que fusiona elementos de las pinturas de Zelaya Sierra con iconografía española, simbolizando la hermandad y el reconocimiento artístico entre ambas naciones.

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Una oportunidad para reunir a una comunidad migrante

Según Delmer López, encargado de Cultura y Arte de la embajada hondureña, esta muestra es una oportunidad para reunir a una comunidad migrante

Muchos de los cuales podrán exhibir su arte en el extranjero por primera vez.

«Un pintor es también un embajador del país. Para nosotros, cada uno de estos artistas promueve el talento de Honduras; queremos que los ayuntamientos sepan que a lo largo de la historia han pasado hondureños por sus comunidades», afirmó López a EFE.

Un total de doce artistas hondureños, incluidos Gregorio Sabillón, Javier Eliú Sánchez, Josafat Armijo, Judith Pineda, Patricia Nieto e Ingrid G. Sabillón, presentarán sus obras.

Estas reflejan una rica diversidad de estilos y temas, destacando la identidad plástica hondureña más allá de sus fronteras.

Javier Eliú Sánchez, miembro de la red, subrayó la importancia de este homenaje: «Integrar este homenaje es trascendental; es nuestra identidad como pueblo y el arte moderno que Zelaya Sierra introdujo y el paradigma que cambió».

Patricia Nieto, otra artista participante, explicó que esta iniciativa ha inspirado a los pintores a atribuir sus obras al pensamiento de Zelaya. »

En la exhibición se podrán apreciar obras figurativas, surrealistas, en óleo y mixtas de tela y madera, abordando temas sociales como el ‘paso fronterizo’.

rcv.hn.

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César Aira y el refugio de la memoria

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El escritor argentino nos habla sobre su última novela, ‘En El Pensamiento’, situada en el entorno rural de su infancia

El escritor argentino César Aria

Por Ángel Peña

Autor de culto por excelencia, misterioso, esquivo… A César Aira (Coronel Pringles, Argentina, 1949) no le gustan las entrevistas, pero se pliega a las mínimas para que sus libros alcancen cierto recorrido. Esta la concede para hablar de En El Pensamiento (Random House), otro viaje a esos mundos tan peculiares que gusta habitar en sus novelas. Juan Marqués analizó con detalle su contenido, estilo y genealogía en estas páginas.

En un pequeño pueblo de la Argentina rural de principios o mediados del siglo XX llamado El Pensamiento y presidido por la presencia primordial de la estación de tren, un niño contempla las pequeñas maravillas de una existencia a otro ritmo, sujeto al ciclo de las estaciones y las imposiciones de la tierra, lleno de poesía y con un regusto final entre mitológico y surrealista.

Podríamos ponernos más o menos y hablar de bildungsroman, realismo mágico o algo por el estilo, pero Aira no está por la labor.

PREGUNTA.- ¿Cómo presentaría En El Pensamiento a los lectores?

RESPUESTA.- Podría describirlo como un pastiche de literatura memorialista. Creo que hoy la literatura literaria no puede ser más que pastiche de la literatura no literaria.

P.- ¿Qué cree que significa en el contexto de su carrera? ¿Por qué ahora este libro?

R.- Desde hace unos años vengo describiéndome como un «autor serial de cantos de cisne», porque es tal el agotamiento que siento al terminar algo que me prometo que será lo último. Pero siempre hay más. Está bien así, me parece, porque ese sentimiento de final les da a mis libros un peso que tienden a no tener.

.- ¿Hasta qué punto resulta complicado sostener una literatura como la suya? ¿Qué opina del concepto de autor de culto?

R.-Tengo la suerte de haber florecido en la era de las editoriales independientes, que han sido mis aliadas en lo más atrevido que he hecho. Y con las grandes editoriales, a las que trato de darle lo que me sale más normal, estoy muy agradecido, sé que pierden plata conmigo y aun así siguen publicándome.

P.- En su obra vuelve de forma recurrente a la vida en provincias y al pasado. ¿Es un refugio, una alternativa frente al ritmo de vida actual? ¿Un homenaje a una forma de vida que hoy nos puede parecer exótica, distinta? ¿Un territorio especialmente fértil para su estilo?

R.- En general mis ficciones parten de una idea abstracta, una apuesta lógica-filosófica, una paradoja interesante, y se acomodan espontáneamente al escenario que más les conviene, que puede ser el pueblo de mi infancia o el barrio de Buenos Aires donde vivo, más raramente sitios inventados o que no conozco.

P.- El Pensamiento existe, pero con solo una docena de habitantes que intentan revitalizarlo con turismo rural. ¿Hasta qué punto influyó su nacimiento y experiencia en la zona en su formación como escritor? ¿Regresa de vez en cuando? ¿Cómo experimenta el contraste con la gran ciudad?

R.- Mi madre y casi todos mis tíos, que son muchos, nacieron en El Pensamiento, y yo pasé mucho tiempo de mis primeros años allí. Ahora el campo es mío y de mi hermana. La única frase genuinamente autobiográfica de la novela es la que habla de «asegurarnos de que El Pensamiento fuera nuestro para siempre». Hace unos años un sobrino me propuso venderlo y con el dinero comprar departamentos en varias capitales del mundo para alquilarlos a turistas, con el argumento de que me daría más renta. Pero no tengo tanto interés en la renta, que es apenas una manifestación más del velo de Maya.

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P.- ¿La omisión de los nombres propios de los personajes tiene la intención de acentuar su carácter arquetípico? ¿El tono mítico responde al contexto espacio-temporal (histórico), al punto de vista del niño, a ambas cosas?

R.- No había notado que no les di nombres ni al niño que habla ni a sus padres. Es efecto de la narración en primera persona, supongo. Los niños no nombran por su nombre al padre o a la madre (ni a la maestra).

«El límite de mi surrealismo está en mi respeto al viejo mecanismo de la causa y el efecto»

P.- Se le suele aplicar el adjetivo «surrealista» a su estilo, pero el narrador de En El Pensamiento reivindica el realismo de su percepción sobre la figura del preceptor frente a las distorsiones que le podrían haber provocado las novelas del Romanticismo que leería después, «de grande». ¿Se considera un escritor «realista»?

R.– El límite de mi surrealismo está en mi respeto al viejo mecanismo de la causa y el efecto, en lo que soy irreductible. Si un hombre sale volando o un animal habla, tiene que haber una causa eficiente para que sea así, una causa lo bastante verosímil para que el lector la acepte. Ahora que lo pienso, también la necesidad de poder visualizar las escenas que escribo es productora de realismo. En fin, soy bastante realista, pero no en lo esencial, que me permitiría escribir novelas largas.

P.- El narrador propone una concepción «doble o bicorne» de la escritura: «Por un lado, de una infinita proliferación, por otro de una reducción que hacía desaparecer casi todo para dejar apenas una palabra, o su sombra o el hueco que dejaba». ¿Suscribe esa definición?

R.– Nunca me había puesto a pensarlo (eso tienen de bueno las entrevistas, de las que tanto reniego) pero ahora veo que los poderes mágicos que le adjudico a la escritura, su propiedad de crear mundos y su majestad por la que vale la pena dedicarle la vida, no son más que extensiones fantasiosas de algo tan concreto y personal como que me hace bien, físicamente, sentarme con un cuaderno y una lapicera y escribir. No importa qué. Siempre va a ser mejor que no escribir.

theobjetive.com

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Presentación «El año del viento» de la escritora peruana Karina Pacheco

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Presentación del libro El año del viento de Karina Pacheco, novela galardonada con el Premio Nacional de Literatura 2022 en Perú.

Sinopsis de la editorial: Una tarde, poco antes de la pandemia, un encuentro imprevisto trae de vuelta a la vida de Nina un espectro largamente anhelado: Bárbara, de quien no ha sabido nada en casi cuarenta años, la mira desde la bruma del pasado. Los recuerdos emergen; los juegos, el candor y los secretos de su infancia cobran vida nuevamente; pero, esta vez, la memoria que los ilumina está desprovista de toda inocencia. Para descubrir qué sucedió con Bárbara, Nina se embarcará en un viaje que la llevará, como en un descenso a los infiernos, hasta un pueblo enclavado en los Andes que fue especialmente castigado durante los años de la violencia política.

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Bienvenida:

  • Casa de América.
Karina Pacheco/ limaneescena.pe

Participantes:

  • Nataly Villena, escritora.
  • Karina Pacheco Medrano, autora.

Fecha y hora:
📅 Jueves 27 de junio de 2024.
⌚️ 19.00 h.
📍 Sala Miguel de Cervantes.
🎟️ Entrada libre hasta completar aforo.

Casa de América

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